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28 octubre 2011

Estalla

Como una burbuja. Estalla. Mi cuerpo se acostumbró al aire de ésta. Y estalla. Dentro los minutos no cuentan; el tiempo es diferente, rápido y lento. Difícil de explicar. Estalla y se desequilibra el sistema sanguineo. Me mareo. Pero siempre estás ahí cuando abro los ojos. Aún me tomas de las manos, me envuelves en tus brazos. Sujetas y no pierdo el equilibrio, poco a poco me acostumbro.
Ese es un beso largo.



      "Si, de esos que no quieres 
                                                                                                
                                                                                   que se acaben"


Fotografía: Sweetest friendship

21 junio 2011

Lucille.

Me besó.

L: - No soy una persona de palabras, prefiero actuar antes de explicar.
G: - Sí, lo acabas de demostrar.
L: - Deberíamos salir un día...
G: - Gerardo, me llamo Gerardo.
L: - Claro.

Tendió una nota con 8 dígitos y el nombre "Lucille" recién hecha con una pluma que llevaba en el pantalón. Ese fue el primer día que la vi, nuestra primera conversación.

L: - En verdad te gusto ¿no es cierto? - No importaba si hablaba o actuaba, siempre me agarraba desprevenido.- Te agrado.
G: - Sí.
L: - Entonces te pediré un favor. Nunca te enamores de mí.
G: - No entiendo.
L: - Es simple. No te enamores de mí. Promételo.
G: - Pero, eso es imposible. Uno no llega y decide enamorarse. Sólo se enamora.
L: - Entonces, prométeme que cuando empieces a hacerlo, te marcharás.
G: - ¿Por qué haría eso?
L: - Porque comienzas a amarme, y como es así, quieres convertir mis deseos en realidad y esas tonterías. Por lo tanto, cumplirás tu parte, y no me amaras por completo, porque te irás antes de hacerlo.
G: - Pero una vez que empiezas, no basta con dejarla, terminas buscando a esa persona.
L: - Entonces también promete que no me buscarás.
G: -Claro... - Decidí terminar su juego tras una sonrisa.
L: - Es en serio, no te rías, promételo.
G: - De acuerdo, lo prometo. Pero...
L: - Pero ¿qué?
G: - ¿Qué pasará si tú te enamoras de mí? ¿Cumplirás la misma promesa?

Se quedó en silencio. Me miró a los ojos; seria. Bajó la mirada, se levantó, y se fue.
Esa fue la última conversación. No volvió a buscarme, y yo tampoco.

15 marzo 2011

Gramática en la vida.

Quería el sujeto, era perfecto. Las letras exactas, no muy extenso, pero suficiente para las necesidades del argumento. Luego llegó el objeto directo. Complicado. Con el tiempo, el sujeto perdía sentido y el conjunto era extraño, aburrido y tedioso. Fastidioso. Trató de modificarlo, de hacerlo más ameno. Sin embargo, estaba escrito con pluma indeleble, y mientras más corrector usaba, la hoja se lastimaba más y más.




Por:  bluepumpkin en DeviantART




Así fue como decidió cambiar de FRASE.

05 febrero 2011

Noticias.

Las noticias más importantes llegan sin avisar.


Así como una ventisca: te erizan la piel o te refrescan. Después, las palabras ya no están, pero la noticia sigue presente. Tu cuerpo y mente vuelven a experimentarla una y otra vez; por miedo, por esperanza, por ansiedad. No estas listo para ellas, y si lo estuvieras, las frases sólo serían una confirmación.


Ellas no te esperan. Son inconscientes. Oportunas o egoístas.



23 enero 2011

Melancolía dorada.

Como aquel globo en mi ventana, en forma de estrella. Dorado, atraía a la vista. Un día se atoró en el techo y se volvió parte de mi paisaje. La historia del porqué es curiosa, un juego de niños. Al principio fue divertido, lo veíamos con un reto. Pero no había forma de regresarle a nuestras manos. Le extrañábamos, pudimos haberle ayudado a escapar pero en nuestro afán de tenerlo para nosotros, se rompió. El helio se le escapó y perdió su forma, ya no lo reconocíamos. Nos vencimos, ya no había forma de sacarlo de ahí.

Hoy parece que quiere huir con el viento, pero su hilo lo mantiene atado a su viga. A veces me le quedo observando durante largo tiempo, lo he adoptado como una especie de terapia. Otros días se da por vencido, parece que piensa y sabe que jamás se soltará; es realista.

Como el globo dorado, todas las mañanas me recuerda que es culpa nuestra que este ahí, aprisionado e inalcanzable para siempre.

07 diciembre 2010

Sueño profundo.

No se quitaba la vida por dolor. Imaginaba la muerte como un sueño profundo, de esos que te encuentras tan cansada que ni siquiera piensas, o sueñas. Tampoco era que estuviera cansada, no lo estaba. Era una niña feliz.

A sus 15 años jamás había sentido la necesidad de lastimarse, se amaba y se respetaba. Era por eso que lo hacía. Sacrificaba algunas cosas para conseguir lo que realmente necesitaba.

Tenía dos maravillosos padres. Estos le habían enseñado valores y regalado su cariño cada día que amanecía. No había ningún vacío, iba bien en la escuela, no odiaba a nadie, tenía estupendas amigas y ningún chico que le hubiera roto el corazón. No era la vida perfecta, pero estaba satisfecha.

Tal vez era eso. Estaba satisfecha y no había razón para continuar en ese lugar; era momento de avanzar. Sus ojos permanecían cerrados, ajenos a la oscuridad que se metía por la ventana de la recamara. Olía bien, el silencio que había regalaba  una melodía deliciosa. Su boca saboreaba su propia saliva, le antojaba algo dulce. Su cuerpo se dejaba llevar por el masaje que el aire le proporcionaba.

Recostada en la cama de su madre ingirió las pastillas. El coctel tenía desde aspirinas hasta tranquilizantes; todo lo que había podido encontrar en el botiquín. No sabía qué contenían, o que efectos le daba, ni le interesaba. Lo que importaba era que estaban dando resultado.

Su cuerpo comenzaba a sumergirse cada vez más sobre las sabanas. Sin frío. Sin calor. Disfrutaba cada reacción química que la liberaría. Así como la cicuta había curado a Sócrates, las pastillas hacían lo mismo por ella.

Pronto sintió desprenderse de su cuerpo, como si fuera un extraño gas que escapaba por la figura de carne y hueso por la boca, la naríz, los oídos. Una estructura solamente que la había resguardado desde su nacimiento. Su último suspiro no fue suyo, fue del mundo que se despedía de ella; deseándole éxito aún sabiendo que sería extrañada.

No se quitaba la vida por dolor, angustia o una banal experiencia. Sabía que ahí terminaba, que Alma Calzada dejaba de existir. Se quitaba la vida para dársela a alguien más, alguien que no estuviese satisfecho aún. Alguien que todavía le faltara mucho por vivir, por ser feliz.

No me quito la vida porque quiera huir. Se la regalo a alguien más, y espero que tú, mamá, tú, papá, logren entender.


Esas eran sus últimas palabras, lo último que escribiría en la hoja de papel que yacía junto con su estatua. Porque ya no era nada más que una estatua, una estructura sin nada.

21 octubre 2010

Sin

¿Han tenido esa necesidad de juntar letras, palabras, frases y pero con ninguna lógica en sí? ¿Alguna vez experimentaron lo que eran las ganas de escribir y dialogar con tu propia persona sin tener argumentos, o peor aún, un tema específico? ¿Desearon, con tantas fuerzas, tan sólo, compartir ideas sin, realmente, tenerlas? 


Hoy me encuentro así. Hoy quiero leer y no pensar. Hoy quiero escribir sin decir. Hoy quiero discutir sin razón. Hoy sólo quería publicar algo que me saqué de la manga, en el mismo momento que lo anotaba; sin pensar, sin decir, sin razón.